CORTES ARGENTINOS / Francisco Moulia

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NB09 / La jauría narrativa
1ª edición / noviembre de 2012 / 170 págs. / 11,5 x 17,5 cm.

Tres amigos viven juntos en un PH en La Paternal. Comparten un perro y la misma actitud evasiva frente a la acción. Las consecuencias: buena comunicación con el perro y una avalancha de circunstancias inesperadas: Sofía, su padre terrateniente y la utilización de gauchos insensatos como instrumentos de venganza.
Cortes argentinos es la historia de alguien que niega su protagonismo y lo paga caro. Es evidente que cerrar los ojos no hace que las cosas desaparezcan. Por el contrario, nos vuelve torpes, miedosos, víctimas de las formas que nos rodean: cosas con puntas hay por todos lados.

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Créditos

1ª edición: noviembre de 2012
2ª edición: agosto de 2015

© texto: Francisco Moulia, 2012
© edición y diseño: Nulú Bonsai Editora de Arte, 2012

ISBN 978-987-25324-9-9

Edición al cuidado de Sebastián Goyeneche
Corrección de estilo: Leticia Berguer
Diseño de colección y maquetación: SG
Arte de tapa: Grau Hertt

Selección

Capítulo 1

 

Serían las dos de la mañana o por ahí. Sonó el timbre. Un hecho ni tan raro como para preocuparse ni tan normal como para asumirlo con naturalidad.
Migue estaba lavando unas hojas de lechuga. Se dio vuelta: “¿Vas?”.
Tocaron otra vez.
Apagué el cigarrillo, le di un sorbo al whisky y fui.
—¿Quién?
—Pedro. Apurate, boludo.
—¿Tus llaves?
—¡Dale!
Le abrí. Traía en brazos a una chica. Entró empujándome y fue directo a la sala. Cerré la puerta y lo seguí.
Pedro acomodó el cuerpo de la chica en el sillón. Se secó la transpiración con la manga del buzo. No me miraba.
—Ya vuelvo –dijo.
—Perá, boludo. ¿Qué onda? Llevala a tu cuart… Ped…
La chica ni se inmutó con el portazo. De cara estaba bastante bien. Tenía un poco subida la pollera. Me acerqué. Vi cómo le crecían las tetas al inhalar. No estaba muerta.
Apareció Migue con los sándwiches. Vio a la chica y me hizo una pregunta obvia con un movimiento de cabeza.
—Ni idea, la trajo Pedro recién. Dijo que ahora volvía.
—Esperemos que traiga dos más, ¿no? Buscate los whiskys.
Fui a la cocina. Agarré los dos vasos casi vacíos y la botella de Blenders. Volví a la sala y Migue ya se había acomodado en el sillón al lado de la chica. Le miraba el culo.
—Debe estar re incómoda –trató de justificarse.
—Dejala así, ahora viene Pedro.
De las tres o cuatro hipótesis que propusimos ganó la del exceso. Le bajó la presión. Pedro había ido a comprarle una Coca Cola al quiosco, seguro.