OPIO. Diario de una desintoxicación (castellano) / Jean Cocteau

$540.00

NB31 / Universalizar conciencia / Traducido por Martín Abadía
1ª edición / abril de 2017 / 352 págs. / 11,5 x 17,5 cm.

«No esperen de mí que traicione. Naturalmente el opio es único y su euforia superior a la de la salud. Le debo mis horas perfectas. Es una lástima que en vez de perfeccionar la desintoxicación, la medicina no intente hacer del opio algo inofensivo.»

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Pocos meses de internación le sirven a Jean Cocteau para hundirse profundamente en ideas y visiones para salir a flote con un abanico de verdades de una lucidez implacable. En ese proceso se da el tiempo suficiente para deslizar críticas a dramaturgos y escritores (Víctor Hugo, Raymond Russel, Proust, Mallarmé), analizar la obra de grandes directores de cine (Eisenstein, Buñuel, Chaplin, Buster Keaton), revivir escenas de infancia y golpear duramente al estáblishment político-clínico imperante en la Europa temprana del siglo XX: «No soy un desintoxicado orgulloso de su esfuerzo. Me avergüenza ser perseguido por esta gente para la cual la salud se asemeja a las películas innobles donde los ministros inauguran estatuas.»
El opio se vuelve un filtro adquirido que lo tamiza todo al observar el mundo. Y es también quien guía a Cocteau mientras vive, sufre, dibuja, deshilvana el lenguaje y desmantela el pensamiento: «Escribir para mí es dibujar, tejer las líneas de tal suerte que ellas se hagan escritura, o destejerlas de tal suerte que la escritura se vuelva dibujo. No salgo de ahí. Escribo, intento limitar exactamente el perfil de una idea, de un acto. En suma, acorralo fantasmas, encuentro los contornos del vacío, dibujo.»

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«Estos dibujos y estas notas datan de la clínica de Saint-Cloud (16 de diciembre de 1928–abril de 1929). Están dirigidas a los fumadores, a los enfermos, a los amigos desconocidos que los libros reclutan y que son la única excusa de escribir.
Relato una desintoxicación: herida en cámara lenta. Los dibujos que siguen serían gritos de sufrimiento en cámara lenta, y las notas, las etapas de pasaje de un estado considerado como anormal a un estado considerado como normal. Aquí se alza el ministerio público. Pero no atestiguo. No defiendo. No juzgo. Dispongo elementos a favor y en contra en el prontuario del proceso del opio.
El único crimen es ser superficial. Todo lo que se comprende está bien.»

Jean Cocteau, 1930.

Agotado

Información adicional

Peso 0.2 kg
Dimensiones 17.5 x 11.5 x 0.5 cm

Autor

Jean Cocteau
(Francia, 1889–1963)

Poeta, dibujante, dramaturgo, crítico y cineasta francés. Antes de los 20 años ya había sido introducido en las matinées de poesía de la contracultura francesa de principios de siglo. Luego publicó poesía, novela, teatro, diarios, ensayos y artículos; e incursionó en todos los géneros y las disciplinas artísticas, siempre con un talento y una lucidez inigualables. En 1930 presentó su primera película (La sangre de un poeta), que fue el comienzo de una larga y respetada carrera en el cine.

Opio. Diario de una desintoxicación reúne las anotaciones y los dibujos que hizo durante su internación en la clínica Saint-Cloud, entre diciembre de 1928 y abril de 1929, y fue publicado en 1930.

Créditos

1ª edición en español: marzo de 2019
© textos e ilustraciones: herederos de Jean Cocteau, 2017
© traducción: Martín Abadía, 2017
© edición y diseño: Nulú Bonsai Editora, 2017
© edición original: Libraire Stock, 1930, 1983, 1987, 1993, 1999, 2016.

ISBN 978-987-4129-01-7

Edición al cuidado de Sebastián Goyeneche
Traducción y notas de Martín Abadía
Ilustraciones originales de Jean Cocteau
Arte de tapa y edición de imagen: Grau Hertt
Corrección de estilo: Nicolás Reichman

Selección

Fragmentos seleccionados:

Escribo estas líneas luego de doce días y doce noches sin dormir. Dejo al dibujo la tarea de expresar las torturas que la impotencia médica inflige en aquellos que buscan remedio volviéndose déspotas.

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El desintoxicado conoce sueños breves, y vigilias que quitan el gusto de dormirse. Como si el organismo emergiera de una hibernación, de esa extraña economía de tortugas, de marmotas, de cocodrilos. Nuestra ceguera, nuestra obstinación a juzgarlo todo de acuerdo a nuestro ritmo, nos hace tomar la lentitud del vegetal por una serenidad ridícula. Nada ilustra mejor el drama de una desintoxicación que esas películas aceleradas, que denuncian las muecas, los gestos, las contorsiones del reino vegetal. El mismo progreso en el campo auditivo nos permitirá sin duda oír los gritos de una planta.

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Que no se me diga: «La costumbre obliga al fumador a aumentar las dosis». Uno de los enigmas del opio es que nunca permite al fumador aumentar las dosis.
El drama del opio no es otro a mis ojos que el drama de la comodidad y la incomodidad. La comodidad mata. La incomodidad crea. Hablo de la incomodidad material y espiritual.
Tomar opio, sin ceder a la comodidad absoluta que propone, es escapar, en el terreno espiritual, a las dificultades estúpidas que nada tienen que ver con la incomodidad en el terreno sensible.

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Si el universo no estuviera movido por un mecanismo muy simple, se descompondría. Todo ese movimiento, que nos parece un reloj complicado, debe asemejarse a un despertador. Así, la necesidad de procreación nos es distribuida en gran medida a ciegas. Un error no cuesta caro a la naturaleza, dado el número de posibilidades. Un error que se refina, un vicio, no es otra cosa que un lujo de la naturaleza.

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Afirmo que un día se emplearán sin peligro las sustancias que nos tranquilizan, se evitará el hábito, se reirá del hombre lobo de la droga, y el opio domesticado atenuará el mal de las ciudades donde los árboles mueren de pie.

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He querido tomar notas durante mi estadía en la clínica y sobre todo contradecirme, con el fin de seguir las etapas del tratamiento. Importaba hablar del opio sin enojo, sin literatura y sin ningún conocimiento médico.

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Nunca emocionarse con el misterio para que éste venga solo y no encuentre la pista entorpecida por nuestra impaciencia de entrar en contacto con él.

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No servimos más que de modelo a nuestro retrato glorioso.