TORO / Carla Sagulo

$150.00

NB25 / Ojo bala poesía
1ª edición / octubre de 2015 / 128 págs. / 11,5 x 17,5 cm.

En geometría, un toro es un cuerpo engendrado por el giro de un círculo alrededor de un eje situado en su mismo plano pero que no pasa por su centro. En su forma más simple, un anillo. Toro, entonces, además de ser el animal que arremete contra el movimiento, sinónimo de furia, es también la estructura del deseo neurótico: su centro de gravedad se encuentra fuera de sí mismo.
En su tercer libro, Carla Sagulo tensa la línea del deseo hasta el punto de disolución del yo, quedando todo el tiempo al borde de romper la calma de unas vacaciones pobladas por la belleza de un mal augurio: esa certeza de que las cosas nunca duran porque estamos mirándonos extrañados y con fascinación a la vez, en un soliloquio infranqueable, tomados por la premonición terminal de todas las cosas.
El libro está formado por tres series poéticas, que cobran un sentido mayor en su unión: “Toro”, “La mitad abierta” y “La pastilla del verano”. Los poemas de Toro hablan del estado antes de la tormenta y de esa convicción propia de lo hecho de a dos, de la animalidad vuelta humana y de la humanidad vuelta tormenta interior. Con una voz decantada, fuerte y madura, la autora se anima a mirar sus propias grietas y a anunciar con vehemencia que todo, queramos o no, pende de un hilo. / Malén Denis”

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Créditos

1ª edición: octubre de 2015
© textos: Carla Sagulo, 2015
© edición y diseño: Nulú Bonsai Editora, 2015
ISBN 978-987-28837-7-5
Edición y corrección de estilo al cuidado de Sebastián Goyeneche
Diseño de colección y maquetación: SG
Diseño de tapa: Grau Hertt

Selección

“Cebras
Cebras que pastan; el amor
tiene formas así, penachos
cuando logra que el minuto se complete,
devore la hora, preñada de días,
tal vez años, tal vez fila de estrellas,
y mueva la cola al compás de las moscas
y las moscas se retiren a su muerte por un rato.
Anoche me encontré con una: no pastaba,
bebía, con paciencia de cebra de unos ojos.
Me hizo pensar en que, quizás, el amor
podría haber cambiado de elemento.
Porque esa cosa, también, va por el aire;
se han visto nubes con forma de caballo naranja,
duraznos perfectos, se pudo ver el cielo entero
alguna vez, qué tiempos…
Pero el aire ahora
no quiere darnos nada
y no hay ni un minuto vacío:
vivo abarrotada de conciencia
en el congreso de usureros,
en la fábrica de anteojos;
podría morir de asfixia o
vidrios rotos.
Podría morir de tantas cosas:
invadida por la fe, descerebrada,
mordida por la artrosis, la gangrena
o por besar una pantalla y recibir
la patada eléctrica de todos los toros.
O no. Mirá la vida:
¿ese trueno que ahora escucho,
ese rayo por las nubes,
no es la cebra
desbocada que regresa?”